martes, 1 de mayo de 2012

Capitulo II


II
14 años después...”

Mirar por la ventana, era eso lo que hacía. Mirar el cielo con ganas de libertad, de ser libre de aquel mundo al que no pertenecía,aquel mundo en el que no encajaba.

-Señorita Redfield, como veo que la explicación de hoy le interesa mucho,¿podría decirme la capital de Japón?-le preguntó la profesora.
-Tokio...-le susurró sin que la profesora se enterara.
-Tokio-le contestó seria, con esa mirada que mas de una vez había hecho estremecer a la profesora.
-Bien, sigamos con la clase...-contestó esquivando su mirada.
-Gracias..Yuna-le dijo.
-No hay de que.. pero Eva, ya es la tercera vez esta semana. Estas mas distante de lo normal, ¿te ocurre algo?
-... no es nada tranquila- le contestó con una media sonrisa.

Sonó el timbre y todos salieron corriendo excepto ellas dos. Iban tranquilas por los pasillos, ya vacíos. Las dos tenían la misma edad, catorce años. Estaban terminando el segundo curso de la secundaria. Y, ellas dos se habían conocido ese mismo año.
Piiiii...”se escuchó a las afueras del centro.
-Es mi madre-dijo Yuna señalando el coche que la esperaba- nos vemos mañana.. adios Eva- le dijo mientras se alejaba hacia el coche.
-Adios...- solo contestó Eva.

Iba caminando hacia su casa. Se iba sola, pero, no porque nadie pudiera recojerla sino, porque le gustaba ir a pie hasta su casa y pasear por los parques que habían antes de llegar.”Yuna..” pensó mientras iba paseando.
Yuna era su amiga, su única amiga y, aunque la hubiera conocido hace poco, era un gran apollo para ella. La entendía, tenían gustos parecidos, era la única persona, aparte de su padre, que comprendía sus sentimientos.
No conocía a su familia, y ella tampoco le contaba mucho sobre ella. Lo único que sabía es que no tenía padre. Vivía con su madre en un piso en el centro de Madrid. Se habían trasladado desde Tokio por motivos de trabajo de su madre, que ella apenas conocía.
Yuna era una chica muy guapa. Tenía el pelo largo y negro, como el carbón. Sus ojos, apesar de ser de Tokio no eran tan rasgados como, los del resto de los habitantes de allí. Eran grises, como el color del cielo en un día nublado de Madrid.



Llego a mi casa y mi madre esta en la cocina preparando la comida.
-¿Eva eres tú?-preguntó su madre.
-Si mama...- le contestó Eva.
-Hola cariño- le recibió su madre en la entrada con un beso- ¿como te ha ido el día?-le preguntó mientras volvía para la cocina.
-Bien... como siempre- solamente respondió.
-Aaa que no se me olvide, te ha llegado una carta esta mañana, la tienes en tu habitación- le dijo sonriente.
Eso solo podía significar una cosa, que él, le había escrito.
Subió a su habitación, dejó su mochila en la cama y se dirigió al escritorio, donde había una carta. La cogió, en la parte de fuera ponía: “Para Eva”. Eva la cogió y antes de abrirla la olió. Sin duda era de él. Se dispuso a abrirla pero entonces, su madre llamó para que bajaran a comer.
Dejó la carta en su escritorio y bajó a comer. De camino se encontró a su hermano.
-Hermanita..- le saludó- hoy no te he visto salir,¿donde te habías metido?-le preguntó mientras bajaban las escaleras hacia el comedor.
-Con Yuna- solamente le respondió a su hermano, sin apenas mirarle.
Su hermano, se llamaba Erick. Era mayor que ella, acababa de cumplir 17 años. Era alto y rubio, se parecia bastante a su padre Jack. Excepto por una cosa, sus ojos. Los ojos de Erick eran marrones como los de su madre, Victoria. Mientras que los Jack eran verdes. A Eva especialmente le encantaban los ojos de Jack, cada vez que los veía le trasmitian una calidez y ternura que a Eva le reconfortaba. Jack no era su padre, pero lo quería como si lo fuera. Porque se comportaba como tal y siempre estaba ahi cuando lo necesitaba.
Bajamos y en ese momento Jack llegó del trabajo y se unió a nosotros y, empezamos a comer. Victoria, Jack y Erick hablaban, mientras que yo solo comía pensando en una cosa, la carta.

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